27 octubre, 2009

NUEVO LIBRO: ESPERANDO LAS MARAS (27-10-09)



NUEVO LIBRO
ESPERANDO LAS MARAS, Estado embrionario en Argentina.

Autora: Laura Etcharren.

Editorial: Catálogos.

25 octubre, 2009

Cabaret lingüistico (25-10-09)


Un pequeño ensayo sobre la degradación del lenguaje en el marco de la incontinencia verbal de los actores sociales que reclaman, alegóricamente, “chalecos de fuerza”.

Política y deporte
De un tiempo a esta parte, y frente a la rebeldía enmarcada en un “progresismo” deportivamente desalineado que se impone en las nuevas generaciones como el de contracté de la política, la emergencia del deterioro de la retórica parece ser una de las principales premisas de los actores sociales en sus diferentes roles.

O el insulso amiguismo de PRO.

Exabruptos verbales frente a determinados hechos sociales pueden ser interpretados como la característica oculta del siempre callado o bien, como la necesidad de sobresalir con una frase, aunque más no sea, grosera.

Desborda, en la Argentina de Hamlet, la vulgaridad.

Desde los aparentemente preparados hasta los más elementales, se destaca el fervor de la agresión que encierra, sin ir más lejos, inseguridad. Porque el desboque es la incapacidad de poder expresar ideas; de crear un espacio de diálogo y discusión en el cual no ingresen los obsoletos reproches y la marginalidad gestual que acompaña el dicho.

“Que la chu…”. Maradona.

“Que se metan la candidatura en el medio del cu…”. Reutemann.

“En el Gobierno hay pelotu… que creen que los piqueteros ya fuimos”. D’Elía.

“La gente me agradece haberle roto el cu… a los pingüinos”. De Narváez.

No se concibe, actualmente, el disenso sin el patetismo del ataque. La descalificación se enciende como la reafirmación de lo conseguido o lo que está por venir. Aquello que potencialmente puede suceder en los imaginarios.

Así es, como desde el campo político se disparan insultos entre el oficialismo y la oposición. Igual sucede en el campo del deporte que tras las declaraciones de Maradona y con las elecciones en River Plate brotan los indecorosos agravios que se instalan en la esfera privada.

Las acusaciones de Cacho Caselli a Carlos Ávila tratándolo de alcohólico, y del segundo al primero vinculándolo con estafas y Narcos. Pase de cuentas de prostitutas, desaparecidos y el devenir de la pasión de multitudes en una fiesta cabaretera de intereses, vicios y opacidades.

“Utileros y utileras”
El lumpen siempre ha sido funcional a los medios de comunicación. Desde la teoría de la descompensación basada en que su aumento significa más rating, hasta la teoría de la perversión vinculada con el morbo y el voyeurismo, los políticos argentinos aparecen hoy como “nenes de utilería” que superan, en desquicio e incoherencias, a las “nenas de utilería” que pululan por nuestra sagrada televisión.

Como si se disputaran el podio de la inutilidad que se escuda, en el caso de las “utileras con plumas”, en el llanto, el ninguneo de los años, la horizontalidad exhibida y la denigración de género. Mientras que en el caso de los “utileros políticos” reposa en la liviandad de las excusas sobre la inoperancia y en el atropello del bastardeo lingüístico.

Y cuando no, se apoyan en el cliché de la discriminación que juguetea con lo que se le permite a los “blancos” y lo que se le recrimina a los “negros”. Tal es el caso de Luis D’Elía. El extraño personaje que se jacta de odiar y ser un resentido. Representante del simulacro de igualdad y ficticia redistribución de la riqueza que impulsa el gobierno dual que tiene cara de mujer al tiempo que huele a masculinidad.

Malestar cultural
Existe, conforme a la selección de íconos nacionales, un claro malestar de la cultura. Perdónalos Freud.

Un espejismo de una cultura cosificada y la explicación, si tomamos a Theodor Adorno, de la deshumanización que acarrea el desarrollo tecnológico que termina, ajustado a los tiempos ultra modernos, en la desideologización de la sociedad.

Empobrecimiento de la industria cultural frente al avance compulsivo de la tecnología que come libros y corrige acentos automáticamente. Claro, es la era de los nativos digitales como dice el Gobernador de San Luis. Alberto Rodríguez Saá.

TV, gráfica e internet
El conglomerado redituablemente bizarro de nuestra realidad política y social se repite en los programas de archivo, en los noticieros, en los ciclos de espectáculo y en los programas políticos o bien, en los intentos de hacer, como en el caso de Majul, un programa político. Porque se lo pudo ver a Luis Miguel, en un “idílico romance unilateral” con Charly García. A quien hasta un beso le pidió. Hace un tiempo se lo notaba vibrar encandilado frente a los argumentos sobre la vida de Alejandro Dolina.

Se derrama, en medio del incendio del país, el cholulaje de los que después se quejan de los programas de archivo pero que viven encantados con Los Profesionales y Los Intrusos.

Por su parte y como es lógico, también la gráfica se hace eco de las declaraciones descompensadas del siniestro argentino. Se aprovecha para bajar línea y demoler los esfuerzos estéticos del gusto por el lenguaje.

Cumple su función el espacio digital inundado -por el desparpajo del anonimato o la falsificación de nombres- de comentarios de lectores que, en los foros de discusión o en los comentarios abiertos debajo de las notas, demuelen a los protagonistas y/o a quien o quienes escriben.

Tsunami de barbaridades se pueden leer por internet en el lícito e interesante espacio a los lectores. La moderación, generalmente, prefiere abstenerse. Porque cuanto más cargado de atrocidades sea el comentario, mayor será la cantidad de visitar. Claro está, que existen aquellos que manifiestan sus disconformidades con educación o por lo menos, con la delicadeza de trocar un insulto por una palabra peor. Y a veces, los bálsamos de la coincidencia.

Se legitima, en la Argentina que le escapa a los usos y costumbres de la tradición, seguramente por considerarlos represores de la oralidad, la denigración de la lengua.

01 octubre, 2009

Colaterales de show (01-10-09)


Descompensados pero en pantalla, participantes y jurados de “El musical de tus sueños” dirimen cuestiones personales.

Cuando la fama mediática golpea o bien, vuelve a golpear la puerta, el caos se presenta como una de las condiciones más sobresalientes en los escenarios que guardan los secretos, las miserias, los reproches, las envidias y las absurdas rivalidades.

Un caos que emerge como consecuencia de esa adicción, que según reflejan las cámaras, produce el programa de Marcelo Hugo Tinelli que sigue remando para apuntalar la debacle que lo envuelve. Aunque en realidad, el fracaso, no es solo de Tinelli sino también, del grupo de personas que lo rodean. Desde los participantes hasta los miembros de un jurado que más allá de tomarse en serio su rol dentro del show, han creído que tienen un nivel de superioridad y estelaridad que los ubica en un lugar de privilegio.

Alfano, Pachano, Reech y Lynch.

Pachano, mucho más que un prestigioso coreógrafo, mantiene desde casi el comienzo del certamen una pelea con la elemental Flavia Palmiero que alcanza los pasillos de Tribunales. Un litigio por una frase desafortunada de quien nunca pudo trascender el nefasto infantil de la Ola Verde y de la que se desprende la duda acerca de la hombría de Aníbal Pachano.

Por su parte, Reina Reech y Valeria Lynch (esta última conserva la cordura a pesar de su conflicto con Iliana Calabró) mantienen sus lugares asentadas en el talento, la generosidad de las consagradas que no necesitan de escándalos para trascender y la impronta de un conocimiento asimilado y no momentáneo.

En cambio, Alfano siempre quiso ser jurado y nunca se atrevió al desafío del baile, más allá de señalar al resto como si ella fuese una eximia de la danza.

Claro, el rechazo se debe a que en varias oportunidades se la vio bailar con Matías Ale y la ausencia de estilo era notoria. En ocasiones ella le ha criticado la introducción de pasos de murga o bailanteros. Pasos que los han destacado a ellos en todas las fiestas porque parecían memorizados.

Lo cierto es que Alfano se tomo muy en serio sus clases de teatro con Julio Chávez.

De rigurosa asistencia y permanente estudio, Alfano, en los últimos tiempos, es más actriz por ser alumna que por desempeñarse en algún trabajo. Consciente de ello, improvisa en su papel de jurado que para poner buena nota, como ella dice, necesita pegarse el viaje. Que las coreografías le hagan revivir o vivir situaciones que la motiven. Que la transporten.

También desde ese puesto baja línea y las miserias de su relación con Matías Ale, que ahora se enarbola en la amnesia de los caballeros, comienzan a aflorar. Empieza a verse, la mercantilización del amor. Y ni siquiera los muertos se salvan, ya que la actriz confesó haber tenido un intenso romance con el cuartero Rodrigo, más conocido como “El Potro”.

La exhibición de los caprichos y los secretos de alcoba que se publican con la jactancia de la sumatoria horizontal ponen entonces al descubierto, el por qué del fracaso.

Porque mientras del lado de Escudero que rebota en Ale se la ningunea con los años, ella se “defiende” y cae en la devaluación de la mujer. Deviene en un lumpen mental recoleto que alarma por la vulgaridad con la que relata el sexo y no la sexualidad.

A eso se le suma el pauperismo de Ale y la festividad del náufrago. Marcelo Tinelli. Quien no tolera la decadencia del rating y opta por sumergirse en la preparación de la grabación.

Ni siquiera él, con dos décadas de pantalla, puede afrontar las colaterales del show. Y tampoco ha comprendido que entre lo excéntrico y bizarro hay una línea absolutamente delgada.

Un condimento de más a la excentricidad es la entrada bizarra que conlleva la máxima perversión y descompensación.

Porque si algo se observa entre los personajes más mediáticos de “El musical de tus sueños” (Ale, Escudero, Vélez, Alfano, Calabró) es el desequilibrio agudo.

El enmascarar que no pueden discernir show de realidad y de ahí el armado explosivo de situaciones que trascienden el buen gusto y que terminan, inexorablemente, por el zapping del televidente que ya no encuentra en los formatos de Tinelli la distención de años atrás.

21 septiembre, 2009

Mauricio Macri por dos (21-09-09)


A la misma hora, con la misma corbata pero en distinto canal.

En la televisión por cable brotan los programas políticos que versan entre la insustancialidad, la reiteración y a veces, la novedad. Aunque por lo general, cuando algo es de excelencia, sobre todo en materia de periodismo político, se termina.

Prima, en el álbum televiso que intenta hacer política, la banalidad o las compulsivas enseñanzas de cómo se tienen qué hacer las cosas desde la pasividad de lo que cada uno cree.

De esta manera, quedan los mismos de siempre con invitados rotativos que también son los mismos, dado que no emergen figuras que superen a las ya existentes. No conforman, ni el oficialismo, ni la oposición la relevancia suficiente para acaparar la atención del televidente agudo que como dicen en el barrio, “no come vidrio”.

Pero lo peor se enciende cuando se ve, al mismo personaje, en dos programas distintos, a la misma hora y con la ausencia picaresca de cambiarse la corbata. De ahí, que la desolación de la conducción gubernamental se agudice al encontrar la profundización de un discurso ciertamente aprendido. Casi, meticulosamente memorizado.

Que no sorprende. Que no se distingue del resto y encima duplicado.

Así fue, como hace un rato, se lo podía ver a Mauricio Macri en el programa de Roberto García que se transmite por Canal 26 y en TN, en el programa de Joaquín Morales Sola haciendo culto a la decadencia del eterno más de lo mismo que comenzaba, con el beneficio del zapping, en uno de los programas y terminaba en el otro.

Un hilo conductor que podía seguirse paralelamente bajo los interrogantes de dos periodistas que al parecer, ante la precariedad retórica del entrevistado, le otorgaban el beneficio de la liviandad periodística.

Mismas preguntas, mismas respuestas y dos producciones que no se respetan.

Tampoco el invitado respeta a los conductores al estar, en uno grabado y en otro en vivo o en ambos grabados dentro de la misma franja horaria. Una situación que, por un lado, le quita relevancia a las dos entrevistas y por otro lado, diluye al entrevistado que termina de agotar al espectador que padece de hartazgo.

No hay, ni siquiera, en el caso de Macri, un hallazgo periodístico. Con lo cual, la falta de profesionalismo de unos y otros, los revela como incompetentes dentro de la jungla televisiva.

Los entrevistados se convierten -como hoy Macri- en Rocíos Marengos que pululan con el cliché del lamento y los periodistas que se especializan en el campo de la política, devienen en Riales y Canosas que no escatiman en tener al mismo invitado el mismo día o pasar, en idéntico minuto, la misma nota.

17 septiembre, 2009

Mimicha Bobbio: Un estilo diferente y audaz (17-09-09)



Por tercer año consecutivo y en la tradición de los siempre vigentes Valores Perennes, Mimicha Bobbio, junto a Editorial de los Cuatro Vientos, lanza PETICOTAS III. Un libro que mantiene la línea de la escritora con un trazo delicado pero no por ello, menos incisivo.

Mimicha Bobbio se sumerge en el mundo de las fantasías con exquisitas pinceladas de su vasta paleta de colores. Juega con el tiempo y el espacio, recreando sus vivencias. Agudiza los sentidos a través de la metáfora. Plasma su pensamiento. Grafica los lugares que fueron testigo de sus alegrías, peripecias y sublimes desencantos. Bucea en la actualidad y realiza una deliciosa retrospectiva de algunos aspectos de la historia que marcan los usos y costumbres de los países visitados.

La escritora, con la generosidad que caracteriza a quien comparte su obra, les abre las puertas de su vida a sus amigos lectores en sus distintas etapas.

PETICOTAS III conserva el modelo de prosa corta para desarrollar una profunda reflexión que obliga, inexorablemente, al abandono de la pereza. Así se encamina en el campo de la literatura con libros que tienen, entre otras tantas particularidades, el beneficio de la eterna actualidad.

Porque los Valores Perennes, como explica con perseverancia, siempre son actuales. Nunca, pasan de moda.

08 septiembre, 2009

Botineras ¿Amor a la camiseta?


En una investigación analítica realizada por la periodista Patricia Edgar para la Revista VIVA del Diario Clarín, del domingo 6 de septiembre de 2009, se indagó sobre el fenómeno de las llamadas “Botineras”.
La periodista recalcó que “Cada vez son más las chicas que ven a los futbolistas como un atajo hacia el éxito”. “Vale todo a la hora de enamorar a un jugador famoso”.
En dicho contexto, la periodista entrevistó a Marcelo Roffé, Presidente de la Asociación de Psicología del Deporte (APDA) y buscó también, una mirada sociológica para completar el material gráfico.
A continuación, la entrevista que Edgar me realizó para su trabajo y de la cual extrajo varios fragmentos.

¿Como definirías al fenómeno de las botineras?
Más que un fenómeno, las botineras forman parte de un paradigma marcado por el morbo y el voyeurismo. Son chicas emergentes, en su mayoría, de una generación que se ha dedicado a quemar etapas, cuyo mayor atributo es haber leído como único libro, UPA o cualquier otro título de primer grado.
Son funcionales a los programas de televisión que se nutren, lícitamente, de los escándalos, haciendo de ellos un gran show mediático que perdura en los archivos.
Sin embargo, como todo paradigma llegará a su fin. Ese fin, lo establece la sociedad que legitima o no.
Botineras habrá siempre. El tema es, que no siempre se mediatizarán, ya que se erigirá un nuevo paradigma que las llevará al tan temible anonimato. Ese anonimato del cual se sale por completo como es el caso de Wanda Nara por ejemplo, o bien, parcialmente, cuando lo máximo alcanzado fueron prácticas horizontales de ocasión.

¿Es un fenómeno nuevo? ¿A que se debe?
La existencia de las botineras lleva años. Antes no se las llamaba así. No se pensaba a Claudia Villafañe, a la ex de Tarantini o a la ex de Simeone en esos términos. Ellas no se presentaban tampoco como se presentan ahora las “utileras”. Tal vez, Mariana Nanis, era la mujer que con desparpajo y jactancia mostraba su intimidad.
Todo esto tiene que ver con lo que conversábamos anteriormente. Ocurre que ahora, con el avance de la modernidad y la imperiosa necesidad de convertir la esfera privada en pública, todo se conoce. Todo se sabe.
Las chicas no se cuidan como antes. La falta de códigos es otra de las características que poseen al exhibir lo que antes eran secretos de alcoba. En sus camas ingresan los periodistas, el público y en realidad, en un segundo plano, el futbolista. Este último, sería una especie de bien de uso.
Así es como se enarbolan en situaciones grotescas que las ubican, como mujeres, en un lugar paupérrimo.

¿Para estas chicas salir con un jugador exitoso es un trampolín a la fama y/o el dinero, o realmente se tratará de amor?
A ver. Esto lo marco un poco cuando me refiero al jugador como un bien de uso. Aquí podemos agregar que las botineras están, casi todas, destinadas a pasar a ser un bien de cambio. Un vínculo de uso mutuo que por qué no, puede terminar en amor.
El amor, es algo subjetivo o si se lo quiere, abstracto.
Los tiempos modernos se caracterizan por la celeridad. Por lo cíclico y volátil. Las “nenas de utilería” como las llamo siempre en mis notas y en las cuales, por supuesto, están las botineras, viven como si la vida se fuese a terminar en una hora. El hastío frente a la quema de etapas sobre la cual le hablaba antes, así como la necesidad de alcanzar el reconocimiento rápidamente las lleva a cometer torpezas de las cuales no se puede volver. Torpezas que ponen en juego los usos y costumbres así como la ética de la moral que parece haberse diluido en el mundo de utilería.
Otra cuestión tiene que ver con que llegar a ser reconocida no necesariamente implica sostenerse en el tiempo. No implica permanencia dentro del medio. Si no se puede trascender el cuerpo y la fugacidad amorosa con un jugador de fútbol, del mismo modo que entras, salís. Y esa salida, puede ser peor. Más deplorable. Porque el periodismo, por una dinámica que tiene que ver con dar lo que el público demanda, puede ser absolutamente cruel. Y la crueldad, en este contexto, vende porque está acompañada de la ridiculización de la persona. En este caso, de la llamada botinera.

Muchos jugadores también las eligen ¿Por qué se atraen? ¿Son una buena dupla? ¿Se ayudan? ¿Será que se parecen en su grado de exposición, éxito a través de las destrezas o virtudes corporales, su fama pasajera y su capacidad para dejar todo e irse al exterior por trabajo?
Los jugadores las eligen porque ellas están en el mercado. Es como los travestis. Existen porque hay personas que consumen ese tipo estético.
Una chica bonita y llamativa estéticamente con un jugador ciertamente buen mozo y con dinero conforma una dupla que cotiza.
Ahora, si todo eso y vuelvo a lo mismo, no se trasciende con un poco de puesta en funcionamiento de las neuronas, se cae.
A ellas, les sirve para hacer campañas, facturar y sumergirse en un rally mediático. Y a ellos, se los ubica en el típico rol de ganadores. Admirados por las hinchadas e insultados, a veces, cuando el desgaste lo dejan en otro lugar que no es la cancha.
El tema reside en que en su mayoría, ni los futbolistas ni las botineras pueden elaborar una oración con sujeto y predicado. A lo que se le suma, la tendencia sostenida a la “fiesta”.
Algunas alcanzan a casarse y otras a conocer el viejo continente para incorporar en sus guardarropas zapatos, carteras y ropas de las marcas más destacadas a nivel mundial.

¿Cambió en la sociedad el estereotipo del hombre y mujer ideal? ¿Qué es un buen partido hoy?
El tema de los estereotipos no precisamente se vincula con la idealización del individuo en su respectivo género. Lo ideal, más allá de la estandarización y del cliché de que un buen compañero o compañera debe ser bueno, honesto y trabajador, es más una construcción subjetiva. Es decir, cada quien construye su propio ideal de persona para compartir su vida o bien, algunos momentos, ya que lo que es bueno o malo para uno no necesariamente tiene que serlo para otro. Siempre haciendo referencia a todo aquello que no tenga que ver con conductas desviadas.
El vínculo con el otro referente se alimenta desde la comunión en las formas de actuar, pensar y sentir.
Las características antes expuestas de lo que siempre se ha sostenido que es un buen partido tiene que ver con una tradición en la que se aplica lo políticamente correcto.

En otras épocas, estos tipos de romances podían mantenerse ocultos. Hoy algunos jugadores se casan y tienen hijos con las denominadas botineras ¿Por que otorgarle a una mujer que podría considerarse como “ligera” el título de esposa? ¿Por qué emparentarse con hombres con fama de mujeriegos?
Porque es una elección de vida. Una forma de relacionarse que ya no tiene las ataduras ni los tabúes que podían existir en las sociedades tradicionales. La necesidad de exponer la vida a través de los medios, convirtiéndola en una vidriera abierta se debe a lo que podemos dar en llamar la mercantilización de la intimidad. En el caso de las botineras, la patética mercantilización del cuerpo visto solo desde lo sexual.
La típica dialéctica costo/beneficio. Quieren estar en los medios y saben que es poco lo que tienen para ofrecer. Entonces, hacen uso y abuso del cuerpo en la horizontalidad.
En el caso del futbolista, si no trasciende su habilidad en las piernas, su vida útil no es muy prolongada y con la mujer, tal como le comenté, sucede lo mismo. Se debe trascender para mantenerse dignamente en un medio que es salvajemente perverso. Por algo siempre vemos las mismas caras. Como diría Malthus, sobreviven los más aptos.
Fíjese. Al estar atravesados por la globalización, todas las esferas de la vida han experimentado efectos. El amor y las relaciones humanas no escapan a eso. La volatilidad, las cualidades de una mujer para llevarla al altar y los parámetros con los que se miden a los hombres, están sujetos a cuestiones de intereses.
El hombre ya no es juzgado por las botineras por el número de mujeres con las que se lo ha vinculado potencial o concretamente. Eso es secundario.
Lo mismo sucede con la mujer. Futbolistas y botineras se relacionan porque les gusta mostrarse. Ostentar una relación que en sus imaginarios es glamorosa porque vende en algunas revistas pero en realidad, es absolutamente bizarra y caduca. Por lo menos, así lo revelan las acciones y la efímera durabilidad.
El amor romántico es más que nada una expresión de deseo que en algunas relaciones se da y en otras no. Si una relación, como el de las botineras con los jugadores de fútbol, se encara desde la extrema exposición, la credibilidad exterior es casi nula. No obstante, las reglas internas solo las conocen ellos.

¿Es una nueva forma de entender la pareja, el amor, el sexo?
Es una nueva forma de presentarse ante el mundo. De ingresar a los medios sin haber estudiado. Sin haberse preparado y formado para destacarse en algo más que no sea ser una botinera.

¿En estos casos se prioriza para elegir una pareja, más que un proyecto de vida, la inmediata satisfacción personal de ambos? Y que dure lo que dure.
En algunos casos es una relación comercial y en otros, como puede ser el caso de Nicole Newman y Fabián Cubero, es amor. Por lo menos eso parece. Si nos manejamos con datos objetivos, ninguno necesitaba del dinero del otro. Ella es una marca exitosa y a él, futbolísticamente, no le va mal. Juntos se potencian.

Muchas de estas nuevas famosas nacieron de escándalos o realitys y sus romances también se televisan en los programas de chimentos. ¿Son estos romances parte del entretenimiento mediático? ¿Reemplazan a la telenovela de la tarde, pero en tiempo real? ¿Por qué la gente se engancha con estos enredos?
¿Vivimos en tiempos de lo efímero y falto de contenido?
Estas dos últimas preguntas están respondidas a lo largo de la entrevista. Pero podemos profundizar más, ya que vivimos inmersos en la vorágine de una cotidianeidad que no es sencilla. Atravesados por la anomia, los imponderables y una seguidilla de fracasos colectivos que nos muestran como una sociedad sujetada. Bajo estas características, la gente demanda divertimento. Distensión. Razón por la cual, todo lo que tenga que ver con el mirar sin poner en funcionamiento riguroso las neuronas, vende. Es atractivo para un consumidor fatigado y curioso. Es por eso que las ficciones también son redituables. La calidad también vende en materia de tiras o unitarios.
Los Realitys son generadores de personajes que tienen la tendencia a desdibujarse con el paso del tiempo. Son muy pocos los que siguen en carrera porque son pocos los que se forman para seguir adelante.
Por lo general, es un formato que tiende a degradar al individuo, ya que la promiscuidad es una de las características más sobresalientes.
El público que compra revistas de chimentos y que consume la mayoría de los productos de la TV de aire, talk show y demás no busca cultivarse intelectualmente. Reconoce que la educación y el saber deben ir a buscarlo en otros espacios. En otros ámbitos.
Cuando se las ve a las botineras envueltas en un huracán de escándalos, el observador comprende que lo que está viendo es la limitación del ser humano pero al mismo tiempo, la visión de la nena de utilería que sabe que minorizándose como mujer, obtendrá recursos económicos.

Patricia Edgar
Revista Viva
Diario Clarín

03 septiembre, 2009

El ninguneo de los años (03-09-09)


La elementalidad como característica primordial de la ruptura.

No importan los años compartidos ni las experiencias vividas. No importan los buenos momentos ni los aprendizajes que siempre tienen algo positivo cuando no todo.

Tampoco importa resguardar lo que pudo haber sido y no fue. Lo que realmente fue y el trayecto que condujo a un fin.

Nada de eso importa cuando se encienden las cámaras de nuestra sagrada televisión y las luces que calientan el estudio penetran en las figuras que transitan por los medios.

En ese momento, cuando el show debe comenzar, solo aflora lo malo.

Y el olvido de casi una década no es inocente sino premeditado.

El olvido con el que se simula ira, enojo, malestar. En realidad, un olvido selectivo que busca exacerbar las diferencias que siempre existieron. Que no son nuevas pero que ahora, a los fines prácticos del rating, son funcionales.

Y como ya no importa el pasado sino el presente mediático, ella es una “vieja” y él es un “inmaduro”. Para ella la historia fue un viaje de egresados y para él una experiencia de amor con una bella mujer.

Pero el viaje de egresados, ahora, parece haber sido un viaje tortuoso. No tuvo las características de los 18 años, ni la adrenalina que se experimenta cuando se cierra el ciclo del colegio secundario. Este viaje de egresados fue entre dos personas que hicieron de su vida un reality.

Ella conocida y consagrada aunque siempre en su mundo y él, acomodándose en la selva de los medios detrás de uno de los íconos del mundo del espectáculo.

Los años pasaban y ambos crecían. Y obviamente, que la brecha generacional no se achicaba. Simplemente, se mantenía.

El problema es que ella renegaba del crecimiento de él y en su afán de ganarle al paso del tiempo se desdibujaba en la ridiculez mientras que su compañero emulaba papeles de padre que hoy desmiente.

Ellos son, Graciela Alfano y Matías Alé.

En medio de una pelea que los ubica, a ambos, en la degradación de la condición humana en la que se recriminan formas de actuar ante las cámaras luego de lo que fue el último adiós una vez cerrada la puerta del departamento de Alfano.

Lo hacen, estratégicamente, en el programa de Marcelo Tinelli recurriendo a la memoria selectiva que permite el olvido.

Se reprochan los años y en ese reproche con impronta de show se revelan como dos irrespetuosos que hablan mal de sí mismos al denostar al otro. Porque ellos, supuestamente, se eligieron cotidianamente durante casi diez años. A pesar de que Alé ahora diga que su libertad estaba sujeta a las decisiones del Alfano y que ésta última argumente que para vivir con él se requiere de un manual especial.

Con esto queda claro la relación directamente proporcional que se sostiene en Informes de Medios. A mayor descompensación, mayor medición. Entonces, los ex se suben a dicha vorágine que garantiza móviles, tapas de revistas, obras de teatro y más televisión.

Facturar y medir en medio de la mediocridad del lumpen emergente que hoy, poco los distingue. Fundamentalmente, a ella. Que por su trayectoria, no necesita de eso.

Ahora bien, ante la decadencia de ese lumpen que permite la permanente circulación y vigencia de los consagrados de siempre, Graciela Alfano y Matías Alé recobran identidad dentro de “El musical de tus sueños” generando, una vez más, un estado de situación que los vuelve imprescindibles dentro de las paredes de la productora “Ideas del Sur”.

Revueltos y peleados. Jurado parcial que castiga a su ex pareja y no al participante con un puntaje casi mediocre. Más, un participante que entiende, desde su brutal limitación, que denigra al jurado mostrándole a su bella novia que apenas acusa poco más de 20 años.

Caen, Grace y Matu, en el insoportable cliché del ninguneo de los años. Grace lo señala como carente de trayectoria y Matu la bastardea por los programas dejando entrever que ahora, la brisa de juventud de Silvina Escudero, lo potencia.

Dos pases elementales e históricos que los reivindican en el patetismo de la obviedad “bélica”.

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